El gran protagonista tras la pandemia

La vuelta a la normalidad en las grandes ciudades va a ser gradual y complicada una vez que se controle la pandemia. Sin embargo, la mejora en la calidad del aire y el miedo inicial a los contagios en el transporte público abre un horizonte dorado para la movilidad responsable y sostenible con los vehículos de dos ruedas y los eléctricos como vencedores.

La idea, copiada de otros países, y haciendo caso a los expertos en la materia, es ir volviendo poco a poco a la vida «normal».

Esto quiere decir que se irá reactivando la economía y los puestos de trabajo según la necesidad o según el nivel de riesgo de contagios colectivos que suponga dicha actividad laboral.

¿Qué ocurre con el transporte público?

Uno de los principales temas a abordar cuando las empresas comiencen progresivamente con su actividad son las aglomeraciones en el transporte público.

El peligro en este tipo de transporte, no solo reside en los materiales de los que se componen la mayoría de ellos, donde el virus puede sobrevivir durante horas, sino que también favorece el hecho de que sean lugares cerrados y la proximidad con otras personas.

Es por esto que en diferentes países del mundo, donde también se encuentran confinados, se insta a todos aquellos trabajadores de servicios esenciales a evitar el transporte público, por el riesgo de contagio que este supone.

La solución de muchos de estos países ha sido fomentar el uso de la bicicleta, en estas ciudades, tiendas y talleres de bicicletas están también considerados servicios básicos y pueden abrir con ciertas limitaciones sanitarias de seguridad.

¿Cómo está afectando el confinamiento a la contaminación?

Bien, pues el transporte de forma individual que se puede realizar gracias al patinete o a la bicicleta no solo por el distanciamiento social, el cual puede evitar contagios y a priori parece la mejor solución para el transporte diario, sino por continuar viendo una ciudad libre de contaminación.

Como bien sabéis, la cuarentena está jugando un papel decisivo en los índices de contaminación a nivel mundial, dada la bajada de producción de la mayoría de industrias y la reducción del transporte diario debido al confinamiento.

Si antes de todo esto, parecía vivirse una transición paulatina hacia el vehículo eléctrico y sostenible en los centros de las ciudades, esta podría verse acelerada todavía más debido a la pandemia.

Si en otros países de europa como Alemania, Bélgica y Francia ya se han realizado modificaciones de cara a potenciar el uso de los VMP (vehículos de movilidad personal) con la intención de evitar las aglomeraciones en el transporte público…

¿Por qué España todavía no ha movido ficha?

Quizá tenga algo que ver el hecho de que desde balcones y ventanas, griten e increpen a todos aquellos que utilizan la bicicleta y el patinete, pasando por los agentes del orden que parecen priorizar su mirada sobre ellos frente a otros que van a pie o en coche, como si los trabajadores de servicios esenciales o primera necesidad no pudieran utilizar este tipo de transporte para acudir a sus respectivos puestos de trabajo.

Esto nos hace entrever que todavía existe mucho margen de mejora en una sociedad que no acaba de mentalizarse sobre una movilidad sostenible como alternativa a la actual forma de desplazarnos.

Sin embargo, este tema da para otro blog y no debe eclipsar a los grandes protagonistas de este, que son los vehículos de movilidad personal como la bicicleta y el patinete.