La burbuja de patinetes eléctricos de alquiler se deshincha

En apenas dos años, el sector de la movilidad personal ha sufrido un cambio drástico, liderado por el patinete eléctrico en las principales ciudades.

Eso sí, el panorama en cuanto a regulación y normativa se refiere no tiene nada que ver con el que empezó el BOOM de patinetes eléctricos en España. Y es que cuando el patinete aterrizó en algunas ciudades españolas, estas carecían de normativa regulatoria, no pudiendo catalogar este vehículo en ninguna categoría ya existente.

Es decir, existía un «vacío legal» el cual ha permitido circular al patinete eléctrico durante todo este tiempo a sus anchas por casi cualquier tipo de vía dentro de la ciudad.

Numerosas empresas vieron el filón en un mercado emergente, el cual parecía haber llegado para quedarse. Entonces, comienzan a aparecer numerosas empresas de alquiler, que a golpe a talonario consiguen hacerse hueco en un mercado al alza.

Este crecimiento sin control, trajo actos de vandalismo, denuncias por invadir suelo público o incluso accidentes causados por los mismos. De alguna manera tenía que regularse este descontrol.

Ya que las cuantiosas multas por parte del ayuntamiento, no parecían surgir efecto en la actividad de estas empresas, convenía tomar otras represalias, como es limitar las licencias anuales de patinetes eléctricos.

Tanto es así, que ha supuesto un «estrangulamiento» para la mayoría de empresas de alquiler, dado el reducido número de licencias concebidas por el ayuntamiento de Madrid, las cuales deben ser repartidas entre las 16 empresas existentes.

Esto sumado a que el patinete eléctrico personal es cada vez más asequible para el usuario particular, deja a la mayoría de empresas de alquiler en jaque.

Seguramente, la falta de solución a la problemática del estacionamiento sea uno de los principales motivos por los cuales no se les permite actuar en muchos sectores. Sea como fuere, el patinete no dejará de crecer como vehículo de movilidad personal en las principales áreas urbanas.

La principal incógnita es si las empresas de alquiler podrán sobrevivir a las nuevas circunstancias.